Dirección de Correo, T. Gismera Velasco: atienzadelosjuglares@gmail.com

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domingo, 9 de julio de 2017

ARCHILLA: EL CRIMEN DEL BARBERO



ARCHILLA: EL CRIMEN DEL BARBERO

   Bárbaro fue el crimen cometido en Archilla por Hilario… en la tarde del 22 de octubre de 1851. Como bárbaro fue el resultado.

   A Hilario, jornalero y barbero a ratos perdidos, pellejero también, le perdió su soberbia, o quizá sus malos modos. Loque si demostró demasiada sangre fría para llevar a cabo un crimen que a él lo llevaría a la muerte.

   Tras llevarlo a cabo escapó del pueblo pero, perseguido por la justicia fue detenido pocas horas después, en las cercanías de Brihuega, en cuya cárcel ingresó y en cuyos juzgados fue sentenciada la causa, pasando después a Guadalajara y, en última instancia, a Madrid.


   El 8 de junio de 1852 se celebró en la sala segunda de la Audiencia de Madrid la causa formada en el juzgado de Brihuega contra Hilario…  vecino del pueblo de Archilla, por la muerte violenta que causó en el campo y con una navaja a María… mujer del posadero del mismo pueblo, Hilario…

   El hecho es que la víctima pidió a su matador un pellejo de vino y como este se lo negase, la María dio a Hilario dos bofetadas, y él entonces, exaxperado, sacó una navaja de afeitar, de tres que llevaba consigo, y cogiéndole la cabeza con la mano izquierda, le dio con la derecha un tajo en el cuello, aplicándole a continuación un pañuelo en la herida y, tapándola con sus propios vestidos, con la cual cargo después, llevándola en hombros hasta su casa, y llamando él mismo a la puerta, a la cual la dejó arrimada, huyendo cuando vio al marido abrir.

   El 13 de noviembre de 1852 tuvo lugar la vista de la súplica de la causa. La sentencia ya había sido confirmada en todos los estamentos anteriores, desde la Audiencia de Guadalajara, a la sala segunda del Supremo. Hubo una ligera variación en cuanto a la indemnización, imposible de llevarse a cabo, ya que el condenado carecía de bienes, por  lo que se admitió la súplica. A petición de su abogado defensor, el famoso criminalista D. Bonifacio Vizmanos.

   La Audiencia Territorial, no tardó en dar a conocer su resolución: La Sala Tercera de esta Audiencia Territorial ha falladoen grado de súplica la causa seguida contra Hilario… por la muerte de María …. En la noche del 22 de octubre del año anterior. El Tribunal ha  condenado al reo a la pena capital, que deberá ejecutarse en el lugar que se cometió el delito…

   Unos días después salió, camino de Brihuega, el ejecutor de la justicia.

Tomás Gismera Velasco

domingo, 2 de julio de 2017

BRIHUEGA: TOCATA Y FUGA DE SOR ASUNCIÓN



BRIHUEGA: TOCATA Y FUGA DE SOR ASUNCIÓN

   Al tocar a oración y descubrir que Sor Asunción no se presentó a los primeros rezos de la mañana, la madre superiora de las Jerónimas envió en su búsqueda, temiendo que algo malo la hubiese sucediro, pero Sor Asunción no se encontraba en su celda, de la que había desaparecido sus objetos personales y las ropas que llevó cuando entró en el convento.

   Se trataba de una mujer joven, sin familia directa, a la que un tío cura había metido en el convento, prácticamente por obligación, porque una mujer como ella, sola en el mundo, en ningún sitio se encontraría mejor que sirviendo a Dios, allí, en Brihuega.

   El miedo cundió entre las monjas al descubrir su ausencia y conocer que nadie la había visto marchar, hasta que, cuando una de las hermanas se disponía a preparar lo necesario para la comunión de las hermanas…



   La prensa se alborotó con la noticia:

   Para conseguir su intento de fuga, puesto que de fuga se trataba, sor Asunción echóse a la iglesia por el hueco del comulgatorio, desnudándose primero porque sin duda no podría hacerlo vestida. A la mañana siguiente una religiosa que preparaba lo ecesario para la comunión vio los hábitos, y al dar cuenta a la comunidad se produjo la consiguiente alarma; entonces, y hallándose el capellán de la iglesia salió la monja de un confesonario y dijo que deseaba dejar el convento y estaba dispuesta a no volver a él…

   Trataron de hacerla razonar por todos los medios posibles, pero sor Asunción estaba resuelta a regresar a su Vitoria natal, y llo hizo. Y, viéndola marchar, respiraron las hermanas aliviadas sabiendo que aquello que temieron no era cierto, sino que se trataba de la fuga de sor Asunción.

   Era el 15 de diciembre de 1888.

Tomás Gismera Velasco

sábado, 24 de junio de 2017

CARRASCOSA DE HENARES: EL MAESTRO BANDIDO



CARRASCOSA DE HENARES: EL MAESTRO BANDIDO

   Don Eugenio llegó a Carrascosa de Henares para ejercer, producto de los tiempos, los cargos de maestro, secretario municipal y, si se terciaba, sacristán.

   Comenzaba a apagarse elsiglo XIX en medio de guerras coloniales y sucesos iimprevistos de todo tipo, dentro y fuera del territorio nacional, corrián los últimos años de la década de 1880.

  No se trataba de un maestro al uso, puesto que quienes lo conocían trataban de evitarlo, por la fama de mandón qu fue adquiriendo. Su mal genio lo pagaba tanto con los chiquillos como con los padres que se quejaban del trato que les daba, a pesar de que, deafiante, en más de una ocasión dijo aquello de que, si alguien se atreve, dispuesto estoy a partirle la cara.

   En su localidad natal, Copernal, no había dejado buen recuerdo, y de alguna manera respiraron aliviados cuando lo sintieron lejos.


   A pesar de todo, las cosas no fueron del todo mal hasta que en el mes de mayo de 1887, el alcalde de Carrascosa destituyó a don Eugenio como secretario municipal, dejando de percibir las quinientas pesetas anuales que tenía de retribución y, claro está, se armó. Dado su comportamiento, don Eugenio había sido advertido en diferentes ocasiones de lo que podría ocurrir si continuaba en su actitud, y don Eugenio advirtió a don Juan, el alcalde, que si se atrevía pagaría muy cara su osadía. No sólo se lo advirtió a él, sino a medio pueblo.

   La destitución venía provocada a raíz de la desaparición de los fondos municipales. Algo que había tenido lugar casi dos años antes, el 8 de noviembre de 1885, cuando de la cárcel municipal, en donde se guardaba el arca con el dinero del municipio, desapareció el arca, y el dinero, 1.058 pesetas. Todo apuntó a don Eugenio. Se le abrió expediente y cuando este estuvo resuelto, se le suspendió.

   El 28 de julio de 1889, don Juan, el alcalde, desapareció. Tras una amplia batida por el término municipal fue encontrado en el río Henares. Muerto de forma violenta, con doce navajazos consiéndole la piel. Nadie dudó de que quien le dio muerte no era otro que don Eugenio, y en su búsqueda se dispuso el pueblo y la Guardia civil. Lo detuvieron a las pocas horas y, confeso, fue enviado a la cárcel de Brihuega a la espera de juicio.

   Todos sus bienes se reducían a una pollina negra, pequeña, que se le embargó para pago de costas de juicio, sacándose a subasta por 60 pesetas.

   El 4 de noviembre de 1889, sin que nadie se explicase cómo, se fugó de la cárcel de Brihuega, poniéndose tras él toda la Guardia civil de la provincia. La requisitoria nos decía cómo era:

   … soltero, de 28 años de edad, natural de Copernal y con residencia en Carrascosa de Henares, estatura regular, color pálido, sin barba, fornido, ojos azules, pelo claro…

   Varios meses anduvo bagando de un lugar a otro, generando un sinfín de leyendas y no pocas fantasías que lo hicieron presente en numerosos lugares a la vez, desde el despacho del fiscal que entendía su causa, en Guadalajara, a la casa de la viuda del alcalde de Carrascosa, para pedirle que intercediera al juez por su persona.

   De aquellas “hazañas”, hasta la prensa nacional se hizo eco: Hace tiempo viene llamando la atención lo que acontece en el pueblo de Carrascosa de Henares con motivo de la desaparición misteriosa de Eugenio… que asesinó al alcalde de dicha localidad y se fugó de la cárcel de Brihuega. Se dijo en un principio que el malhechor andaba vagando por el término municipal de Carrascosa y hasta llegó a asegurarse que había pernoctado en el domicilio del muerto. La última hazaña que se le atribuye es haber entrado una noche en la iglesia del pueblo y llevándose la imagen de la patrona, dejó en su lugar una calavera…

   De Santa Quiteria se trataba, precisamente, la víspera de su festividad, según, al parecer, declaró el alcalde de la población.

   Vivía en las cuevas, en el entorno de Copernal, huyendo de la gente y alimentándose de lo que encontraba por el campo, y de algún que otro asalto que llevaba a cabo en las poblaciones cercanas. Hasta que llegó el mes de febrero de 1891, cuando, casi un año y medio después de su fuga, fue visto por una pareja de la Guardia civil dirijiéndose a su pueblo, Copernal. Nada hubiera pasado de haberse detenido. Por su aspecto es probable que no lo hubiesen reconocido, pero al verlos, don Eugenio comenzó a correr, seguido por los guardias. Estos dándole el alto, hasta que uno de ellos, echándose la carabina al hombro, apuntó y…

   En el término de Copernal quedó muerto de un certero disparo. Que se trataba del fugado asesino del alcalde de Carrascosa se supo un par de días después.

Tomás Gismera Velasco

martes, 20 de junio de 2017

SIGÜENZA: ASALTO A LA CATEDRAL



SIGÜENZA: ASALTO A LA CATEDRAL

   El 15 de junio de 1910 aparecía en la prensa nacional una de esas noticias que, al menos en Sigüenza, nadie esperaba leer.

   Se trataba de un robo en la catedral. Ya se habían producido muchos otros en iglesias de la diócesis, pero nadie recordaba algo como lo que en los periódicos se contaba:

Ayer (14 de junio) comunicaron en el Ministerio de la Gobernación a los periodistas que en la catedral de Sigüenza se había cometido un robo importante, consistenteen seis candelabros, dos portapasos, un árbol de cáliz, una patena, un juego de vinajeras y unas campanillas, todo de plata.

   En los primeros momentos los autores no fueron habidos, aunque la Guardia civil de aquella ciudad hizo todo género de averiguaciones para saber quien o quienes habían cometido el sacrílego robo.


   A última hora de anteayer el capitán de la benemérita de Sigüenza, practicando un reconocimiento en todo el templo, y particularmente en los sitios que se suponía habían estado escondidos los ladrones se encontró un trozo de papel con la inscripción siguiente: Casimira Caravaca. Monserrat 2, cuarto, Madrid.

   Seguidamente el referido oficial telegrafió a esta corte y el cabo Cobos y el guardia Navarro fueron los encargados de practicar las averiguaciones necesarias.

   En efecto, se comprobó que en dicha casa habitaba Casimira Caravaca de diecinueve años, en unión de un sujeto que pasaba como su marido, llamado Santiago Moreno Moraga.

   Asímismo supieron que hacía cuatro días que había salido con otro amigo y no  volvieron hasta el día 13 por la mañana.

   Con estos datos y la convicción de que eran sujetos sospechosos se dedicaron a seguir sus pasos, cosa que no parecía fácil pues algo debieron sospechar y no fueron a su casa.
  
   Ayer a las siete fueron detenidos en la plaza Mayor, declararon que habían entrado en la catedral en 12 por la mañana a las ocho, permaneciendo hasta la noche ocultos detrás de unos cajones.

   En la noche hicieron el robo, y una vez en Madrid lo vendieron todo en una platería de la calle de Embajadores donde les entregaron por los objetos robados 700 pesetas…

   Los objetos fueron recuperados en la platería, donde todavía no les había dado tiempo a desprenderse de ellos. Los ladrones puestos a disposición del juzgado de Sigüenza.

Tomás Gismera Velasco

miércoles, 7 de junio de 2017

MATILLAS. EL SACRILEGIO DE MATILLAS



MATILLAS. EL SACRILEGIO DE MATILLAS


   Hubo una época, mediado el siglo XIX, en la que fueron más comunes de lo que habitualmente nos pudiera parecer los robos sacrílegos en las iglesias. Muchas de las de nuestros pueblos fueron saqueadas, ante todo durante las llamadas guerras carlistas, sin que quedasen fuera de estas otras significativas fechas.

   Las que median entre 1850 y 1870 fueron extraordinariamente eficaces para los ladrones, que dieron al traste con un importante patrimonio.

   Dejamos aquí constancia de lo sucedido en Matillas, a través de la carta, imaginamos que de uno de los párrocos de aquellos pueblos, remitida a la prensa nacional:

   Con justa indignación y con un horror inexplicable, participo a Vds. el enorme crimen perpetrado en la iglesia de Matillas (Guadalajara), filial de la de Villaseca de Henares (Guadalajara), en la noche del 10 del corriente (Noviembre de 1862).

   El Santo de los Santos, radiante de gloria y magestad en su augusto tabernáculo, ha sido arrebatado por manos sacrílegas, ¡por la sórdida codicia de diez onzas de plata que contenía su copón! única alhaja que existía en el templo, gracias al prudente celo de su respetable párroco D. Pascual Bravo, sin que hasta ahora haya podido averiguarse el paradero de las Santas Formas. ¡Cielos” ¿A dónde vamos a parar con la repetición escandalosa de tanto sacrilegio? ¡Dios eterno! ¿Por qué sufrís tamaños insultos y desprecios?



El relato del Crimen del Ermitaño, en Amazón

   ¿Por qué no fulmináis en el instante mismo la sentencia de muerte con que castigasteis a Baltasar? ¿Por qué no dáis a los asaltantes un fin desastrado como el de Antioco, cuando osan violar el santuario? ¿Por qué no los postráis en tierra como a Eliodoro cuando despojan el venerando propiciatorio?

   ¡Ah! Son tantas ya las iglesias robadas de pocos años a esta parte en la provincia de Guadalajara, que el corazón se estremece al contemplar tan lastimoso cuadro que deja traslucir muy a las claras el deplorabilísimo estado de costumbres de una nación…

   Si Vds. Señores redactores que tienen consagrados sus esfuerzos a defender la causa de la religión se dignan acoger esta comunicación se lo agradecerá constantemente su más atento seguro servidor que besa su mano Tadeo Martínez García.
   Bujalaroz (Bujalaro) y noviembre, 13 de 1862.

   P.D. A última hora acabo de saber que en la misma noche del día 10 han robado el copón de la iglesia de Baydes, y el 31 del pasado la iglesia de Carrascosa de Henares, habiendo tenido que bajar de Membrillera al día siguiente un cáliz para celebrar, por ser el día de los Santos. Háganlo ustedes también presente por si pueden influir algo en decidir al Gobierno.

   Dicho queda.

   Tomás Gismera Velasco